• Dr. Cano

La cultura

Actualizado: 15 de dic de 2018


La cultura es éste uno de los conceptos más debatidos por sociólogos y antropólogos y se presta a numerosos equívocos. Con frecuencia se piensa que la cultura es privativa del hombre culto o cultivado cuando de hecho no hay ser humano que no posea una cultura y no sea culto. Humano y culto son términos que se recubren, por eso hablar de un estado de naturaleza de la humanidad, como opuesto a un estado de cultura y sociedad, no es sino una ficción utilizada por algunos filósofos. Dado que cultura y sociedad son términos correlativos podemos adoptar esta definición general la cultura: es un sistema de comportamiento que comparten los miembros de una sociedad y la sociedad es un grupo de personas que participa de una cultura común.


La cultura

Si nos preguntamos ahora de donde ha surgido la cultura no hay más que una respuesta posible: la cultura no procede de la naturaleza biológica del hombre sino que la cultura es un producto humano.

El hombre posee muy pocos instintos prácticamente carece de ellos si los comparamos con el animal. Por eso carece pautas instintivas de comportamiento para enfrentarse con el medio ambiente y relacionarse con sus semejantes y ha tenido que inventarlo casi todo. Así poco a poco fue acumulando experiencia valiosas producto de múltiples tentativas, éxitos y fracasos.

Esas experiencias no se quedaron en el interior de los hombres que las realizaron, sino que se vieron sometidas a un proceso de externalización y objetivación y así se fueron sedimentando. Por ejemplo los hombres primitivos aprendieron a cazar a producir el fuego a construir viviendas a relacionarse entre sí: las hachas, los palos, las casas, los gestos y las palabras, los distintivos del mando, tc. externalizaban esas experiencias convirtiéndolas en objetos visibles. Así se facilitaba la perduración de las consecuciones, el fácil aprendizaje, la transmisión a las generaciones siguientes (la tradición).

Pero la cosa no queda ahí. Las experiencias objetivadas sufren entonces un proceso de institucionalización. Son fijadas definitivamente mediante todo un sistema de pautas, normas, leyes, ritos y sanciones. Se olvida por ejemplo cómo se inventó el arte de pescar en canoa; lo que queda es una institución: cómo se construyen las canoas y las lanzas, como se pesca, en qué fecha, quienes pueden ir a pescar, qué peces están permitidos pescar y cuáles no. etc. Lo mismo se puede decir de todos los demás complejos culturales: familia, educación, orden social etc. En realidad todo queda institucionalizado y todo rasgo o complejo cultural es por tanto una institución. Sin embargo, este nombre suele reservarse, a veces, a las instituciones más amplias y básicas: familia, religión, estado, escuela, sistema económico.

El buen funcionamiento de una sociedad requiere que las instituciones sean respetadas y mantenidas. Nada más eficaz que hacerlas aparecer como inmemoriables y sagradas: así consiguen su legitimación. los modos de legitimar, es decir, de explicar y justificar, son muy diversos. A veces basta crear el vocabulario correspondiente como sucede, por ejemplo, en el caso de la escritura del parentesco: si existe la palabra, se legitima la relación; o breves frases y refranes: al que madruga Dios le ayuda. En otros casos surgen teorías y explicaciones más amplias.

Pero la mejor legitimación consiste en la creación de universos simbólicos según la terminología de Berger Luckmann. Vasta decir por ahora qué tales universos simbólicos justifican en bloque todo el sistema social: son las mitologías primitivas y las ideologías.


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